Fahrenheit 451 y el concepto de los hombres libro

Hanta, alter-ego o supra-ego de Bohumil Hrabal en Una soledad demasiado ruidosa hubiese sido un gran pirómano en Fahrenheit 451, pero con la delicada maldad de un amante obtuso y vehemente, porque hace treinta y cinco años que prensa papel viejo y libros, y siendo un hombre culto a pesar de si mismo, disfruta convirtiendo a Nietzsche, Lao-Tse o Kant en una amalgama indescriptible, en una masa de nada, porque Hanta no lee, Hanta saborea, cada palabra, cada frase, como un caramelo, como una copita de licor, y la sorbe, la deja que le atraviese, la disuelve en si mismo, porque su cabeza, porque él (que es culto a pesar de si mismo) es también un hermoso desorden de conceptos, una prensa donde todos los libros que fagocita se han convertido en algo suyo, en algo vivo.
Y yo, que también soy relativamente culto a pesar de mi mismo, y que también pienso algún ratillo, rumiaba la idea de convertirme en un “hombre libro” mientras veía el barroquismo pop de Truffaut en Fahrenheit 451. A Ray Bradbury se le ocurrió eso de los “hombres libro”, hombres o mujeres, que en una sociedad distópica donde leer esta prohibido y los libros que se incautan son quemados, se aprenden de memoria Esperando a Godot, David Copperfield o El Quijote, idea, esta de los “hombres libro”, que me hipnotizo desde el primer momento. Y así, yo, con la flipada que tenía encima, iba repasando mis antiguas lecturas para salvar de la quema indiscriminada alguno de tantos, el favorito entre favoritos.
Mi primera opción creo que fue Crimen y Castigo, un libro gordo, bueno y ruso. Si te pones a salvar algo, salvas algo bueno, algo de Dostoievski era prefecto. La culpa, la penitencia, toda la basura judeocristiana en 800 páginas deliciosas, un personaje ego maníaco, Raskolnikov, arquetipo dentro de los arquetipos del joven sin voluntad y con mucho pájaro en la cabeza. Pero aprenderse un libro de memoria no es moco de pavo, 800 páginas, o más, depende de la publicación. Descartado, por pereza, por tamaño. Descartado pues, a posteriori, Viaje al fin de la noche de Celine, también por el tamaño, un lenguaje más mundano y un brutal nihilismo, sin esos hiper esdrújulos nombres rusos, pero sus buenas 600 páginas ya tiene, y uno es un vago, ha visto mucha tele y se ha quedado un poco tonto. Otro de Dostoievski hubiese sido una buena idea, Los hermanos Karamazov, pero también es un tocho. Memorias del subsuelo era casi perfecto, gran título para gran libro, era corto y brutal. A tener en cuenta.
1984 o La guerra de las salamandras eran dos buenas opciones, pero en una sociedad distópica no iba yo a aprenderme dos libros tan poco alentadores. No era cuestión de meter el dedo en la llaga. Pensé en El Arbol de la Ciencia, muy pesimista, en algo Chejov, me daba ganas de llorar y de asesinar a mi novia, Chandler, poco profundo, Borges, muy erudito, gran prologo de la literatura de todos los tiempos, pero muy erudito. Pensé en Kafka, en El Proceso o en La Metamorfosis, pero tengo la autoestima por los suelos y tener algo de Kafka en la cabeza todo el tiempo no le puede hacer bien a nadie. Podía acabar en una cuneta con un tiro en la cabeza, como Lorca.
Aprenderse algo de Bukowski, borracho impenitente y machista, podía ser divertido, libros cortos, sencillos, entretenidos, que además me daban la oportunidad de decir muchas palabrotas y hablar de putas y alcohol en esos deliciosos fuegos de campamento que acostumbramos a montar los “hombres libro”. Pero nada valía, ninguno abarcaba lo suficiente, sólo Hanta, sólo Bohumil Hrabal y su soledad demasiado ruidosa. Hanta, borracho, solitario, que es culto a pesar de si mismo, y su libro de 150 páginas, y su gitanilla que se eleva hasta el cielo como el humo de todos los libros del mundo, de los libros que lleva prensando durante treinta y cinco años y que queman las brigadas pirómanas de Fahrenheit 451. Toda la literatura y más, y él, Bohumil Hrabal, con su rostro picasiano y el regressus ad originem de Lao-Tse. Esta claro, si tuviese que ser un libro, sería Una soledad demasiado ruidosa.






2 Comments:
joder, qué bueno, te has salido con este texto. Y es que Hrabal es muy grande, hay más vida en ese libro que en bibliotecas enteras.
ale, me vuelvo a intentar estudiar otro rato.
Sabes? creo que yo también hubiera elegido al amigo Hrabal.
Gracias por este post
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